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Hay mujeres que llegan a consulta después de años intentando entender por qué determinadas cosas les resultan tan difíciles. Sienten que necesitan hacer un esfuerzo enorme para organizarse, concentrarse, recordar tareas o gestionar todas las responsabilidades que tienen delante.

A menudo conviven con la sensación de estar siempre corriendo, de no llegar a todo o de no estar haciendo las cosas tan bien como deberían. Muchas han aprendido a convivir con la ansiedad, la autoexigencia o la frustración sin plantearse que detrás de ese malestar pueda existir una explicación diferente.

Sin embargo, cada vez sabemos más sobre una realidad que durante años ha pasado desapercibida: el TDAH en mujeres.

Un trastorno que no siempre se manifiesta de la misma manera

Durante décadas, el conocimiento sobre el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) se construyó principalmente a partir de estudios realizados en niños con un perfil muy visible: inquietud constante, impulsividad y problemas de conducta. Como consecuencia, muchas niñas y mujeres cuyos síntomas eran menos llamativos crecieron sin ser identificadas.

Hoy sabemos que el TDAH no es diferente en mujeres y hombres, pero sí puede expresarse de formas distintas y verse influido por factores sociales, educativos y culturales que han contribuido a su infradiagnóstico en mujeres.

Comprender el TDAH no significa reducir a la persona a un diagnóstico, significa entender cómo funciona su cerebro para dejar de interpretar muchas de estas dificultades como un fracaso personal y empezar a construir estrategias que favorezcan su bienestar.

Señales que suelen repetirse en mujeres con TDAH

En muchas mujeres el TDAH no se manifiesta a través de conductas llamativas, sino mediante dificultades relacionadas con la atención, la organización, la planificación o la regulación emocional.

Por eso, es frecuente que estas dificultades se interpreten como falta de organización, despistes, estrés o incluso rasgos de personalidad.

La consecuencia es que muchas mujeres pasan años intentando adaptarse a sus dificultades sin comprender realmente qué les está ocurriendo.

Señales que suelen repetirse

Aunque cada persona presenta características propias, existen algunas dificultades que aparecen con frecuencia:

  • Problemas para organizar tareas y responsabilidades.
  • Sensación constante de desbordamiento.
  • Dificultad para gestionar el tiempo.
  • Olvidos frecuentes.
  • Procrastinación.
  • Necesidad de dedicar mucho esfuerzo para mantener la atención.
  • Autoexigencia elevada.
  • Baja autoestima.
  • Ansiedad o estrés persistente.
  • Cansancio mental frecuente.

 

No se trata únicamente de despistes o falta de organización. Muchas mujeres describen la sensación de estar sosteniendo un enorme esfuerzo invisible que los demás no perciben.

El sesgo de género: ¿por qué tantas mujeres pasaron desapercibidas?

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Durante muchos años, el TDAH se consideró un trastorno que afectaba principalmente a niños inquietos, impulsivos y con problemas de conducta. Esa imagen surgió de los primeros estudios científicos que se realizaron mayoritariamente en niños, por lo que los criterios diagnósticos y el conocimiento sobre el trastorno se construyeron a partir de un perfil muy concreto.

Sin embargo, hoy sabemos que las niñas también presentan TDAH con una frecuencia mucho mayor de la que se pensaba, aunque a menudo lo expresan de una forma menos llamativa.

En lugar de interrumpir constantemente en clase o mostrar una hiperactividad evidente, muchas pueden parecer distraídas, soñadoras, excesivamente habladoras en determinados contextos, desorganizadas o con grandes dificultades para gestionar su tiempo y sus responsabilidades.

Esto no significa que exista un “TDAH femenino” diferente al de los hombres, sino que durante décadas se buscó principalmente un perfil que no representaba la diversidad con la que puede manifestarse este trastorno.

Como señalan investigadores como Stephen Faraone, Russell Barkley, Susan Young o Ellen Littman, incorporar una perspectiva de género ha permitido comprender mejor por qué tantas niñas y mujeres permanecieron invisibles durante años.

A ello se suma un factor especialmente importante: las expectativas sociales. Desde edades muy tempranas, muchas niñas reciben una mayor presión para ser responsables, organizadas, tranquilas y complacientes.

Cuando estas capacidades les resultan difíciles, es frecuente que intenten compensarlo esforzándose mucho más que otras personas, en lugar de expresar abiertamente sus dificultades.

Masking o enmascaramiento: cuando el esfuerzo oculta las dificultades

Una de las razones que mejor explica este infradiagnóstico es el denominado enmascaramiento o masking. El enmascaramiento consiste en desarrollar, muchas veces de forma inconsciente, estrategias para ocultar las propias dificultades y adaptarse a lo que el entorno espera.

No implica que los síntomas desaparezcan, sino que la persona invierte una enorme cantidad de energía para que pasen desapercibidos.

Por ejemplo, algunas mujeres describen que desde pequeñas aprendieron a revisar varias veces los deberes por miedo a cometer errores, a copiar la forma de organizarse de sus compañeras, a depender constantemente de agendas o recordatorios, o a dedicar muchas más horas al estudio para obtener resultados similares a los de otras personas.

Desde fuera, estas estrategias pueden hacer pensar que todo va bien. Sin embargo, por dentro suelen implicar un gran desgaste emocional y una sensación permanente de tener que esforzarse mucho más que el resto para afrontar las tareas cotidianas.

Comprender estas diferencias no significa que las mujeres tengan un TDAH distinto, sino que durante muchos años se buscó un perfil que no reflejaba cómo muchas de ellas expresaban sus dificultades.

La siguiente infografía resume por qué tantas niñas y mujeres pasaron desapercibidas durante años y cómo el sesgo de género, las expectativas sociales y el esfuerzo por encajar pueden retrasar la identificación del TDAH hasta la edad adulta.

¿Por qué muchas mujeres reciben el diagnóstico en la edad adulta?

Muchas mujeres no descubren que tienen TDAH hasta la adolescencia o la edad adulta, incluso aunque las dificultades hayan estado presentes desde la infancia.

Esto no significa que el trastorno haya aparecido más tarde. En la mayoría de los casos, simplemente pasó desapercibido porque los síntomas eran menos visibles, se interpretaron como rasgos de personalidad o la propia mujer desarrolló estrategias para compensar sus dificultades.

Mujer sufriendo TDAH

Cuando las estrategias dejan de ser suficientes

Durante años, muchas mujeres consiguen mantener un buen funcionamiento gracias a un enorme esfuerzo, una elevada capacidad de adaptación y estrategias que desarrollan de forma casi inconsciente.

Sin embargo, llega un momento en el que las demandas de la vida aumentan y esos recursos dejan de ser suficientes.

El paso a estudios más exigentes, el inicio de la vida laboral, asumir nuevas responsabilidades, la maternidad o cuidar de otras personas pueden hacer que las dificultades para organizarse, gestionar el tiempo o mantener la atención se vuelvan mucho más evidentes.

En otras ocasiones, el diagnóstico llega después de que un hijo o una hija sea evaluado por TDAH. Conocer el trastorno lleva a muchas mujeres a reconocer en su propia historia experiencias que hasta entonces habían atribuido a su forma de ser.

Más que aparecer en la edad adulta, el TDAH empieza a hacerse visible cuando las exigencias superan las estrategias de compensación que habían permitido mantener el equilibrio durante años.

Comprender el pasado desde una nueva perspectiva

Para muchas mujeres, recibir una explicación de lo que les ocurre supone reinterpretar gran parte de su historia personal. Situaciones que durante años generaron culpa o sensación de incapacidad empiezan a entenderse desde una perspectiva diferente.

Comprender el TDAH no cambia el pasado, pero sí puede cambiar la forma de mirarlo.

Muchas mujeres describen este proceso como un alivio, ya que les permite dejar de atribuir sus dificultades a una falta de capacidad o de esfuerzo y empezar a comprender su funcionamiento con mayor amabilidad.

¿Qué papel tienen las hormonas?

Aunque el TDAH tiene un origen neurobiológico y está presente desde la infancia, en los últimos años la investigación ha mostrado que las variaciones hormonales pueden influir en la intensidad con la que algunas mujeres experimentan determinados síntomas a lo largo de la vida.

Etapas como la pubertad, algunas fases del ciclo menstrual, el embarazo, el posparto o la perimenopausia pueden asociarse a cambios en la atención, la regulación emocional o la capacidad de organización. Sin embargo, estos cambios no afectan por igual a todas las mujeres y continúan siendo un área de investigación en desarrollo.
La siguiente infografía resume cómo las principales etapas hormonales pueden influir en la experiencia del TDAH a lo largo de la vida.

Cuando el TDAH no es el único problema: ansiedad, depresión y otras dificultades asociadas

Muchas mujeres llegan a consulta buscando ayuda por ansiedad, estrés, sensación de desbordamiento o bajo estado de ánimo. En algunos casos reciben tratamiento para estas dificultades y experimentan una mejoría parcial. Sin embargo, con el paso del tiempo sienten que sigue habiendo algo que no termina de encajar.

Continúan olvidando citas importantes, les cuesta organizar su día, empiezan muchas tareas sin terminarlas, procrastinan con frecuencia o viven con la sensación constante de ir “apagando fuegos”. Aunque la ansiedad o el estado de ánimo mejoren, estas dificultades persisten.

Esto ocurre porque el TDAH y otros problemas de salud mental pueden coexistir. Identificar uno no significa descartar el otro. La investigación muestra que las personas con TDAH presentan una mayor probabilidad de desarrollar otros trastornos psicológicos a lo largo de la vida, especialmente ansiedad y depresión. No significa que el TDAH provoque directamente estos problemas, sino que convivir durante años con dificultades no comprendidas, un elevado esfuerzo para compensarlas, experiencias repetidas de fracaso o críticas constantes puede aumentar la vulnerabilidad emocional.

En el caso de muchas mujeres, este proceso suele mantenerse durante años antes de recibir una explicación adecuada. Crecer pensando que una es “despistada”, “vaga”, “demasiado sensible” o “incapaz de organizarse” puede afectar profundamente a la autoestima.

Cuando estas experiencias se repiten en el colegio, el trabajo, la pareja o la familia, es comprensible que aparezcan ansiedad, frustración o síntomas depresivos.

Como señala Ellen Littman, una de las investigadoras que más ha estudiado el TDAH en mujeres, muchas desarrollan una imagen muy crítica de sí mismas antes de comprender que las dificultades que experimentan tienen una base neurobiológica y no reflejan falta de capacidad o de esfuerzo.

¿Cómo trabajamos el TDAH en IPACE?

En IPACE abordamos cada caso de forma individualizada.

Nuestro trabajo comienza con una evaluación exhaustiva que nos permite comprender cómo afectan las dificultades de atención, organización, planificación y regulación emocional en la vida diaria de cada persona.

A partir de esa valoración diseñamos una intervención adaptada a sus necesidades. Trabajamos especialmente aspectos como:

  • Funciones ejecutivas.
  • Organización y planificación.
  • Gestión del tiempo.
  • Estrategias de estudio o trabajo.
  • Regulación emocional.
  • Autoestima y autoconfianza.

 

Nuestro objetivo no es únicamente reducir las dificultades actuales. Buscamos ayudar a cada persona a comprender mejor su funcionamiento, desarrollar recursos prácticos y recuperar la sensación de control sobre su vida cotidiana.

Preguntas frecuentes sobre el TDAH en mujeres

¿Cómo puedo saber si tengo TDAH siendo adulta?

Solo una evaluación realizada por un profesional cualificado puede determinar si las dificultades que experimentas son compatibles con un TDAH. Si desde la infancia has tenido problemas persistentes de atención, organización, gestión del tiempo, impulsividad o regulación emocional y estas dificultades afectan a diferentes áreas de tu vida, es recomendable consultar con un profesional. También es importante descartar otras posibles causas, como ansiedad, depresión, trastornos del sueño u otras condiciones médicas que pueden producir síntomas similares.

Durante muchos años el conocimiento sobre el TDAH se basó principalmente en estudios realizados con niños que presentaban hiperactividad evidente. Sin embargo, muchas niñas desarrollan síntomas menos visibles y aprenden estrategias para compensar sus dificultades, lo que puede retrasar su identificación. Además, el aumento de las responsabilidades en la vida adulta suele hacer que estas estrategias dejen de ser suficientes, favoreciendo que muchas mujeres busquen ayuda años después.

Sí. El rendimiento académico, por sí solo, no descarta un TDAH. Muchas mujeres consiguen buenos resultados gracias a una elevada capacidad intelectual, un gran esfuerzo personal o estrategias de compensación. Sin embargo, ese rendimiento suele ir acompañado de una importante carga de estrés, perfeccionismo, procrastinación o agotamiento que pasa desapercibida para quienes las rodean.

No. El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo, por lo que sus manifestaciones comienzan durante la infancia, aunque no siempre sean identificadas en ese momento.
Lo que sí puede ocurrir es que las dificultades se hagan más evidentes en la adolescencia o la edad adulta, cuando aumentan las responsabilidades y las exigencias de organización, planificación y autonomía.

La investigación muestra que el TDAH tiene un importante componente genético. Es frecuente que, tras el diagnóstico de un hijo o una hija, otros miembros de la familia comiencen a reconocer características similares en sí mismos. Sin embargo, la presencia de antecedentes familiares no significa que todas las personas desarrollen el trastorno ni sustituye la necesidad de realizar una evaluación individual.

Las hormonas no causan el TDAH, pero algunas mujeres describen cambios en la intensidad de determinados síntomas durante la pubertad, algunas fases del ciclo menstrual, el embarazo, el posparto o la perimenopausia. La investigación sobre esta relación continúa avanzando y su impacto puede variar considerablemente entre unas mujeres y otras.

No. El tratamiento debe adaptarse a las necesidades de cada persona y puede incluir intervención psicológica, entrenamiento en funciones ejecutivas, psicoeducación, cambios en el entorno y, cuando está indicado por un profesional médico, tratamiento farmacológico.
La decisión debe tomarse siempre tras una evaluación individualizada.

Sí. Aunque el TDAH no desaparece, comprender cómo funciona, aprender estrategias adaptadas y recibir el apoyo adecuado puede reducir significativamente el impacto de las dificultades en la vida cotidiana.

Para muchas mujeres, entender lo que les ocurre supone dejar atrás años de culpa y comenzar a relacionarse consigo mismas desde una perspectiva más comprensiva y realista.

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